Vivimos en la oscuridad y en el silencio.

Aunque cueste de creer, vivimos en completa oscuridad y silencio dentro de nosotros mismos. No tenemos contacto real y directo con el exterior.
Lo que percibimos a través de nuestros sentidos de la vista, olfato, gusto o tacto viaja, desde las células receptoras especializadas, en forma de impulsos nerviosos hasta el cerebro que procesa una sensación o conciencia determinada para esa experiencia concreta. Pero, para que esto ocurra, los estímulos tanto internos como externos, tienen que ser suficientemente intensos para producir un cambio químico en las células especializadas en la percepción y que nosotros podamos tener la sensación en cuestión de una forma realista. Una vez allí nuestro pequeño ordenador biológico, tendrá que descartar la gran mayoría, basándose en la memoria, para quedarse solo con los que considera relevantes y necesarios. Y es que, nuestro cerebro es el ordenador personal con mayor capacidad que existe, pero tiene sus limitaciones a la hora de procesar la información.
Con estos estímulos nuestro cerebro crea el mundo en el que vivimos. Las cosas que vemos, las diferentes sensaciones que tenemos, lo que imaginamos…

Percepciones —— reacción química —— impulsos eléctricos —
— discriminación cerebral —- estímulos sensoriales

Todas estas percepciones son codificadas en forma de pensamientos. Si nos fijamos bien nos daremos cuenta que estos pensamientos a su vez se ordenan con palabras. Siempre pensamos con palabras. De esta forma empezamos a percibir qué sentimos, frío, calor, hambre… Estas cogniciones, a su vez retro-alimentan las sensaciones. Si tenemos pensamientos acerca del frío durante el suficiente tiempo notaremos frío o estaremos más predispuestos a sentirlo. Estas sensaciones se hacen más intensas hasta que reaccionamos y nos ocupamos de ellas.

Estímulos—sensaciones—pensamientos—retro-alimentación—sensaciones intensas—reacción concreta.

Todo lo que somos en realidad sólo es un producto de nuestro intelecto. Nos inventamos nuestra realidad, la creamos con nuestra mente. Nos guiamos por entre unos parámetros determinados por una “conciencia colectiva”. Tal vez por eso todos percibimos las cosas de forma parecida, pero nunca igual. Sin duda cada uno crea su exclusivo mundo y por más que se parezcan unos a otros no pueden existir dos iguales. Somos absoluta y maravillosamente únicos. Nosotros y nuestros mundos.
En general somos vividos por este mecanismo de realidad. Vagamos de aquí para allá. Dominados por las inercias sociales. Condicionados por nuestros patrones de pensamiento, tan limitantes y obsoletos en muchas ocasiones. Patrones que nos sirvieron, mejor o peor en un momento dado, pero que ya no encajan con nuestro aquí y ahora, con el presente en el que estamos. Por razones obvias no se ajustan a nosotros. No somos seres estáticos, al contrario evolucionamos continuamente  y nuestra vida también; por este motivo cada vez se alejan más de nuestra realidad. Igual que la ropa o los zapatos se nos van quedando pequeños, ya no nos son de ayuda como lo fueron en su momento.

¿Porqué dejar al azar la evolución de nuestra realidad? ¿Porqué no dentro de esas  enormes posibilidades apoderarnos de nuestro devenir? Empoderémonos.

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà Els camps necessaris estan marcats amb *