Una oportunidad para ser humano

¿Cuál seria la distancia capaz de darnos mayor perspectiva, la más alejada a nosotros mismos, de nuestro yo?
El cosmos, el universo en toda su inmensidad. Situémonos, qué es y qué lo conforma.
El inmenso universo en el que nos encontramos esta formado por millones de galaxias y un infinito espacio vacío. Están muy alejadas unas de otras y, al parecer, cada vez lo estarán más. Todo el cosmos se compone de materia inerte, sin vida. Incluso este planeta, está formado en su mayoría por esa materia inorgánica. Los enormes océanos, la tierra, la atmósfera… Nada de esto está vivo.
Todas las cosas se componen de la unión de partículas no vivas. De hecho incluso la materia orgánica, la que sí tiene vida, está formada por el mismo tipo de partículas inertes. Todas estas son subatómicas que al unirse forman átomos y estos a su vez forman moléculas. Vemos como las moléculas del agua, la glucosa, los aminoácidos, el carbono… nada de esto tiene vida.
Solo cuando se dan las causas precisas, la materia se organiza de manera que, lo que por si mismo es solo materia inorgánica, pasa a formar lo que entendemos por vida. Las partículas inertes al agregarse conforman la parte más pequeña de los seres vivos, las células. A partir de aquí se considera que esta materia es orgánica, o sea que está viva.
Algunos seres vivos son una sola célula. Con la evolución, se fueron uniendo a otras y se configuraron seres cada vez más complejos, como son los vegetales, después los animales, hasta llegar a la aparición de los seres humanos.
No debemos pensar que esto es la tónica habitual en el universo. Si nos fijamos bien este planeta, que parece rebosar de vida, en su inmensa mayoría, es materia inorgánica. Los mares, la lluvia, casi todo lo que es liquido; las rocas, los metales, todo lo que es sólido; el viento, la brisa, y todo lo que es gaseoso, está formado por partículas que carecen de vida. Partículas totalmente inertes.
Al parecer es muy difícil que se den las causas precisas para que se forme la vida. Pero eso no es todo. También es extremadamente complicado la existencia de un medio que pueda sustentar esta vida. De los millones de planetas que conocemos ninguno alberga vida. Pensemos que cualquier variación, aunque solo sea del ph, eliminaría millones de seres vivos. Variaciones en los gases que conforman la atmósfera, la temperatura… haría desaparecer necesariamente a muchas y diferentes especies. Estas alteraciones en el medio ambiente terminan separando esas partículas y las hace volver a su estado natural. La no vida, la materia no animada.
Aunque el universo esté lleno de planetas como el nuestro, somos una pequeña minoría. Podemos decir que somos una anomalía, algo no común, algo muy especial y selecto en el universo. Lo podemos interpretar como si el universo hubiera querido hacernos un valioso regalo; pasar al otro lado de la normalidad abiótica de la materia. Convertirnos en seres orgánicos por un tiempo. Ofrecernos una vida. No para siempre, solo por un periodo de tiempo. Lo que hace inmensamente más valioso este obsequio.
Después, cuando se agote este estado orgánico, volveremos a nuestro lado de la materia. Volveremos a lo que llevamos miles de millones de años siendo, a nuestra verdadera esencia, la materia inorgánica. Ese es nuestro estado natural, al que siempre volvemos.

Teniendo claro lo que uno es realmente. Siendo lo suficientemente valiente como para aceptar la realidad tal cual es, podemos hacernos la siguiente pregunta. ¿Hay algo que pueda tener más valor que la vida en general, tanto la propia como la ajena?

Aunque solo tuviéramos cincuenta años de tiempo, o veinticinco, o uno, incluso solo veinte minutos ¿no seria un fenomenal regalo? Aunque no sea una vida acomodada, de lujos, fama, reconocimiento social. Aunque solo fuera una vida sencilla, simple, pequeña, ¿No es el más precioso de todos los regalos que jamás se nos pueda hacer?
Todo esto me lleva a la conclusión que los seres humanos somos doblemente afortunados. Por una parte por ser poseedores de vida propia y por otra ser conscientes de ello.

 

¿Me pregunto cuantos seres vivos son conscientes de que están vivos y de que esta condición no es nada habitual en el universo?
Por otro lado el hecho de saber que no es un regalo para toda la eternidad nos hace valorar inmensamente más nuestro tiempo. El que tenemos asignado para vivir. El hecho de no saber hasta cuando estaremos aquí nos estimula a vivir plenamente cada día, (O debería)
Nadie puede decirnos con total seguridad lo que ocurrirá cuando nuestro tiempo termine. Entonces parece que solo tenemos esta oportunidad como seres humanos. ¿no vale la pena hacerlo lo mejor que podamos? Si no lo hacemos bien no tendremos otra oportunidad para rectificar. Ser seres humanos absolutamente humanos. Estoy convencido que solo así habrá valido la pena. Solo así habremos disfrutado plenamente de nuestro preciado regalo. La vida.

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