¿Conocemos el verdadero amor?

Todos los seres humanos nacemos con la capacidad innata de amar y ser amados. Instintivamente sabemos que el amor es lo más importante para nuestro equilibrio emocional y nuestra salud.

Pero, ¿Quién nos enseña a amar? ¿Sabemos amar realmente? ¿Somos conscientes de cómo se ama de verdad? Lo cierto es que nadie nos enseña a amar. Son las experiencias que vivimos las que nos van enseñando; si es que estamos dispuestos a aprender de nuestras relaciones. Lo  fundamental es que los dos miembros de la pareja tengan capacidad para instruirse mutuamente de su amor. Aunque parezca obvio casi nunca es así. De ahí tantos y tantos fracasos amorosos, separaciones, divorcios, mejor o peor llevados, demasiado comunes en esta sociedad deslumbrada por el consumismo y sus falsas necesidades personales, pero casi a oscuras en educación emocional.

Nuestra tendencia al individualismo, la falta de empatía, el socialmente aceptado egocentrismo nos hace olvidar amar al otro, dar amor, entregarse con honestidad y de manera natural. Esto es tan placentero o más que solo dejarse amar; solo hay que probarlo para sentir en la propia piel que verdaderamente es así. La combinación de amar y ser amado de verdad parece ser un lujo que solo unos pocos saben darse.

En numerosas ocasiones confundimos el estado mental de los primeros días o meses con el amor verdadero. El enamoramiento es una reacción física que afecta a nuestro cerebro. Lo inunda de un estimulante natural, la dopamina. Igual que lo haría uno artificial, las drogas de síntesis. Este estado alterado de la mente suele cegarnos. Lo confundimos con el amor. Juzgamos cuanto amamos según la cantidad de droga natural que tenemos en nuestro cuerpo. Cuando va disminuyendo la droga, nos invade la rutina, el aburrimiento, los defectos la pareja ya no nos parecen simpáticos… Entonces valoramos trasnochadamente que nos hemos equivocado, que no queremos a esa persona que antes idolatrábamos. Nos encontramos inmersos en el síndrome de abstinencia que todas las drogas tienen, las naturales también.

A todos nos gusta que nos amen. Buscamos seducir a través de nuestro físico, parecer más guapos, vestir mejor, teatralizamos una comprensión y amabilidad exagerada e incluso intentamos impresionar con muestra capacidad económica… Una vez conseguido tendemos a dejamos amar con mucha facilidad. Nos entusiasma comprobar que somos importantes para alguien. Que existe una persona, que nos valora, con la que podemos contar para lo bueno y para lo malo. Es maravilloso sentirse amado. Por fin el instinto satisfecho. Pero, ¿Todos sabemos hacerlo bien? En una sociedad que fomenta el individualismo, el yo, el para mi. Que nos hace ver como normal lo de primero yo y si sobra para los demás. Que nos persuade inconscientemente con películas de amor, de desamor, de amor con engaños, de amor con finales para todos los “gustos” incluso el maltrato o el asesinato desde la adolescencia; la cosa se torna cuando menos complicada.

Es bastante lógico que sin darnos cuenta nos hayamos alejado poco o mucho de lo que somos realmente. Tenemos un concepto erróneo en nuestro inconsciente del amor ya que el hecho natural de darnos al amor que llevamos dentro se ve filtrado por demasiados artificios desde el subconsciente.

La buena noticia es que podemos pensar y además observar lo que pensamos. Podemos decidir cambiar lo que no es natural. Eliminar los artificios que se nos hayan colado en el inconsciente.

La necesidad de amar es innata en los seres humanos pero no se puede materializar con pócimas mágicas, ni son ciertas las leyendas de amor, ni existen los cupidos. El amor sano se aprende, se cultiva, se riega, se cuida. ¿Cómo? con empatía, confianza, honestidad y sobre todo con respeto. Requiere un esfuerzo para recordar los buenos momentos y un análisis maduro de los malos; Esta higiene mental colabora con nuestra relación para no boicotearla. Para no hacernos daño a nosotros mismos ni a nuestra pareja. Requiere también una madurez capaz de comprometerse para no rendirse ante las adversidades que vayan saliendo. Estas vendrán seguro; la vida está plagada de contratiempos; de malos consejos bien intencionados. De personas que intentaran interferir decididamente en la pareja. De una propaganda mediática aturdidora y generadora de perezosos (Interesadamente te venden lo que NO necesitas para distraer tu sutil, o no tanto, malestar y te hacen creer que no tienes que esforzarte en construir tu felicidad) La verdad es que las cosas más importantes de la vida requieren un esfuerzo continuado y no se pueden comprar con dinero.

Se puede amar toda la vida y no caer en la rutina y el desánimo porque todos cambiamos con el tiempo y nuestro amor con nosotros. Ni nosotros ni el amor son fenómenos estáticos, precisamente por esa razón no tiene que estar carente de entusiasmo, ni tiene que ser aburrido. Podemos llevarlo con nosotros. No vendrá solo.

El amor se intensifica con el uso, y su recompensa aumenta con el tiempo. Para disfrutar de una vida emocionalmente sana tenemos que ser capaces de cultivar atributos de adultos sanos, paciencia, tolerancia, capacidad de negociación… y sobre todo centrarnos en darnos, en entregarnos a el otro.

El mejor dogma para amar es tener siempre en mente: “qué puedo hacer para que sea feliz a mi pareja y hacerlo”. No permitir que quede solo en buenas intenciones. La recompensa viene sola, cada vez amaras más y serás más amado.

El amor no se acaba es imposible, estamos hechos de esto precisamente. Nos gusta, lo necesitamos. Somos nosotros los que lo hacemos fracasar por la cegadora ignorancia de no saber cómo, por falta de recursos, de herramientas que solucionen los problemas y sobre todo por falta de voluntad (insisto en la influencia de la sociedad que nos pretende inculcar que podemos conseguirlo todo fácilmente. La publicidad nos hace creer que con dinero nada requiere un esfuerzo, que con una pastilla te curas de todo, que con aquella crema de cara rejuveneces…)

Me temo que para amar de verdad no existe ningún producto.

¿Nos quedaremos con la forma de amar de los adolescentes o tendremos la valentía de construirnos un amor sano y verdadero?

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