Metafísica de la conciencia

El siguiente texto está expuesto en clave metafísica. Para los que no están familiarizados con este termino, la metafísica se ocupa de todos los fenómenos inmateriales que la ciencia todavía no ha podido dar respuesta. ¿Quiénes somos realmente? ¿Porqué estamos aquí? ¿Existe algo después de la muerte? ¿Cómo funciona el universo? ¿existe dios?… Esta parte de la filosofía intenta dar respuestas a todas estas preguntas que en un momento dado todos nos hemos hecho desde que tenemos conciencia de nosotros mismos. Esto ha venido ocurriendo desde tiempos prehistóricos. Los hombres de las cavernas ya intentaban responder esas preguntas existenciales.
Fijémonos en el gran número de dioses existentes, cada uno con su propia, personalidad, filosofía y hegemonía. Todos ellos intentan argumentar este tipo de cuestiones. En algunas ocasiones de manera más coherente, en otras más estrambóticas, pero en un principio todos con la voluntad de saciar la curiosidad, los miedos, la incertidumbre del ser humano.La función que han venido cumpliendo y que cumplen en la actualidad, es innegablemente valiosísima para la estabilidad emocional de muchos seres humanos en concreto y de las sociedades en general.
Con ellos nace el concepto de fe. La fe se puede definir como la certidumbre, creencia, confianza depositada en algo o alguien. Tener confianza o fe nos aporta cuando menos serenidad. Todavía hoy en día se usa el placebo con buenos resultados dentro de unos márgenes, que no deja de ser una fe depositada en un medicamento sin principio activo.
Dejando a un lado el mal uso que se pueda hacer de la fe para manipular en beneficio propio, no podemos olvidar el incalculable poder que tiene, cuando esta es genuina, cuando es percibida como real. Dicen que la fe mueve montañas. Esta misma fe también puede ser dirigida hacia uno mismo. Cuando esta es autentica y fuerte el ser humano tiene un inmenso poder sobre si mismo en sus manos.
Desde los albores de la humanidad la fe nos ha servido para confiar en las respuestas a esas preguntas existencialistas y desde esa base poder seguir adelante sin que nos paralizara el miedo. El paso del tiempo se ha ocupado de ir corrigiendo los errores cometidos por la metafísica en sus intentos de dar respuesta alguna cuestión.

Existe la creencia de que el ser humano conoce todas las respuestas a las preguntas que tenga capacidad de hacerse. Precisamente por eso se las hace, de otra forma no pensaría en ello. Se dice que estas dudas son fenómenos que conoce pero que no recuerda totalmente. Es el pensamiento quién las expone en forma de pregunta ya que no las recuerda solo las intuye. Este conocimiento o sabiduría, tal vez sea heredada a través de nuestra genética o adquirida quizás de alguna otra manera aún más sutil si cabe, dormida en nuestro interior profundo; en nuestra conciencia, espíritu, alma…

Creo que, de una manera o de otra, todas las cosas poseen conciencia. Y que precisamente por esta razón se han materializado. Todas las cosas, los seres vivos quizás mas evolucionada y los materiales inertes menos, pero todos poseemos una. Al fin y al cabo estamos constituidos por las mismas partículas, dispuestas de formas diferentes, pero las mismas. Los animales, (de entre ellos nosotros los racionales), los vegetales, incluso los microscópicos como las bacterias… Todo lo que se ha materializado, creo que podría contener su propia conciencia.
Si ninguna cosa o ser en el universo tiene conciencia de algo, esto no existe. Al menos hasta que se tome conciencia de ello.
Hay muchas cosas que existen en este planeta, aunque nosotros no tengamos constancia de su presencia pero que sabemos o intuimos que es real. Esto podría deberse a el fenómeno de una conciencia unitaria. La conjunción de todas las conciencias de los animales, vegetales y las de todo lo que existe en este mundo la formarían. Una sola, compartida. Y cada uno de nosotros tendríamos una pequeña conexión con ella. Si como sabemos todo se va reciclando dentro del mundo. Los átomos que conformaban alguna cosa, con su disgregación  permitirá unirse con otros y nacerá algo nuevo y diferente.
Siguiendo esta lógica, también podemos pensar en un gran conciencia universal. Entiendo pues que es posible que existan tres estrechamente unidas. La gran ánima universal, la planetaria y la individual. Aunque todas son la misma conciencia.

Vivimos en la oscuridad y en el silencio.

Aunque cueste de creer, vivimos en completa oscuridad y silencio dentro de nosotros mismos. No tenemos contacto real y directo con el exterior.
Lo que percibimos a través de nuestros sentidos de la vista, olfato, gusto o tacto viaja, desde las células receptoras especializadas, en forma de impulsos nerviosos hasta el cerebro que procesa una sensación o conciencia determinada para esa experiencia concreta. Pero, para que esto ocurra, los estímulos tanto internos como externos, tienen que ser suficientemente intensos para producir un cambio químico en las células especializadas en la percepción y que nosotros podamos tener la sensación en cuestión de una forma realista. Una vez allí nuestro pequeño ordenador biológico, tendrá que descartar la gran mayoría, basándose en la memoria, para quedarse solo con los que considera relevantes y necesarios. Y es que, nuestro cerebro es el ordenador personal con mayor capacidad que existe, pero tiene sus limitaciones a la hora de procesar la información.
Con estos estímulos nuestro cerebro crea el mundo en el que vivimos. Las cosas que vemos, las diferentes sensaciones que tenemos, lo que imaginamos…

Percepciones —— reacción química —— impulsos eléctricos —
— discriminación cerebral —- estímulos sensoriales

Todas estas percepciones son codificadas en forma de pensamientos. Si nos fijamos bien nos daremos cuenta que estos pensamientos a su vez se ordenan con palabras. Siempre pensamos con palabras. De esta forma empezamos a percibir qué sentimos, frío, calor, hambre… Estas cogniciones, a su vez retro-alimentan las sensaciones. Si tenemos pensamientos acerca del frío durante el suficiente tiempo notaremos frío o estaremos más predispuestos a sentirlo. Estas sensaciones se hacen más intensas hasta que reaccionamos y nos ocupamos de ellas.

Estímulos—sensaciones—pensamientos—retro-alimentación—sensaciones intensas—reacción concreta.

Todo lo que somos en realidad sólo es un producto de nuestro intelecto. Nos inventamos nuestra realidad, la creamos con nuestra mente. Nos guiamos por entre unos parámetros determinados por una “conciencia colectiva”. Tal vez por eso todos percibimos las cosas de forma parecida, pero nunca igual. Sin duda cada uno crea su exclusivo mundo y por más que se parezcan unos a otros no pueden existir dos iguales. Somos absoluta y maravillosamente únicos. Nosotros y nuestros mundos.
En general somos vividos por este mecanismo de realidad. Vagamos de aquí para allá. Dominados por las inercias sociales. Condicionados por nuestros patrones de pensamiento, tan limitantes y obsoletos en muchas ocasiones. Patrones que nos sirvieron, mejor o peor en un momento dado, pero que ya no encajan con nuestro aquí y ahora, con el presente en el que estamos. Por razones obvias no se ajustan a nosotros. No somos seres estáticos, al contrario evolucionamos continuamente  y nuestra vida también; por este motivo cada vez se alejan más de nuestra realidad. Igual que la ropa o los zapatos se nos van quedando pequeños, ya no nos son de ayuda como lo fueron en su momento.

¿Porqué dejar al azar la evolución de nuestra realidad? ¿Porqué no dentro de esas  enormes posibilidades apoderarnos de nuestro devenir? Empoderémonos.

Una oportunidad para ser humano

¿Cuál seria la distancia capaz de darnos mayor perspectiva, la más alejada a nosotros mismos, de nuestro yo?
El cosmos, el universo en toda su inmensidad. Situémonos, qué es y qué lo conforma.
El inmenso universo en el que nos encontramos esta formado por millones de galaxias y un infinito espacio vacío. Están muy alejadas unas de otras y, al parecer, cada vez lo estarán más. Todo el cosmos se compone de materia inerte, sin vida. Incluso este planeta, está formado en su mayoría por esa materia inorgánica. Los enormes océanos, la tierra, la atmósfera… Nada de esto está vivo.
Todas las cosas se componen de la unión de partículas no vivas. De hecho incluso la materia orgánica, la que sí tiene vida, está formada por el mismo tipo de partículas inertes. Todas estas son subatómicas que al unirse forman átomos y estos a su vez forman moléculas. Vemos como las moléculas del agua, la glucosa, los aminoácidos, el carbono… nada de esto tiene vida.
Solo cuando se dan las causas precisas, la materia se organiza de manera que, lo que por si mismo es solo materia inorgánica, pasa a formar lo que entendemos por vida. Las partículas inertes al agregarse conforman la parte más pequeña de los seres vivos, las células. A partir de aquí se considera que esta materia es orgánica, o sea que está viva.
Algunos seres vivos son una sola célula. Con la evolución, se fueron uniendo a otras y se configuraron seres cada vez más complejos, como son los vegetales, después los animales, hasta llegar a la aparición de los seres humanos.
No debemos pensar que esto es la tónica habitual en el universo. Si nos fijamos bien este planeta, que parece rebosar de vida, en su inmensa mayoría, es materia inorgánica. Los mares, la lluvia, casi todo lo que es liquido; las rocas, los metales, todo lo que es sólido; el viento, la brisa, y todo lo que es gaseoso, está formado por partículas que carecen de vida. Partículas totalmente inertes.
Al parecer es muy difícil que se den las causas precisas para que se forme la vida. Pero eso no es todo. También es extremadamente complicado la existencia de un medio que pueda sustentar esta vida. De los millones de planetas que conocemos ninguno alberga vida. Pensemos que cualquier variación, aunque solo sea del ph, eliminaría millones de seres vivos. Variaciones en los gases que conforman la atmósfera, la temperatura… haría desaparecer necesariamente a muchas y diferentes especies. Estas alteraciones en el medio ambiente terminan separando esas partículas y las hace volver a su estado natural. La no vida, la materia no animada.
Aunque el universo esté lleno de planetas como el nuestro, somos una pequeña minoría. Podemos decir que somos una anomalía, algo no común, algo muy especial y selecto en el universo. Lo podemos interpretar como si el universo hubiera querido hacernos un valioso regalo; pasar al otro lado de la normalidad abiótica de la materia. Convertirnos en seres orgánicos por un tiempo. Ofrecernos una vida. No para siempre, solo por un periodo de tiempo. Lo que hace inmensamente más valioso este obsequio.
Después, cuando se agote este estado orgánico, volveremos a nuestro lado de la materia. Volveremos a lo que llevamos miles de millones de años siendo, a nuestra verdadera esencia, la materia inorgánica. Ese es nuestro estado natural, al que siempre volvemos.

Teniendo claro lo que uno es realmente. Siendo lo suficientemente valiente como para aceptar la realidad tal cual es, podemos hacernos la siguiente pregunta. ¿Hay algo que pueda tener más valor que la vida en general, tanto la propia como la ajena?

Aunque solo tuviéramos cincuenta años de tiempo, o veinticinco, o uno, incluso solo veinte minutos ¿no seria un fenomenal regalo? Aunque no sea una vida acomodada, de lujos, fama, reconocimiento social. Aunque solo fuera una vida sencilla, simple, pequeña, ¿No es el más precioso de todos los regalos que jamás se nos pueda hacer?
Todo esto me lleva a la conclusión que los seres humanos somos doblemente afortunados. Por una parte por ser poseedores de vida propia y por otra ser conscientes de ello.

 

¿Me pregunto cuantos seres vivos son conscientes de que están vivos y de que esta condición no es nada habitual en el universo?
Por otro lado el hecho de saber que no es un regalo para toda la eternidad nos hace valorar inmensamente más nuestro tiempo. El que tenemos asignado para vivir. El hecho de no saber hasta cuando estaremos aquí nos estimula a vivir plenamente cada día, (O debería)
Nadie puede decirnos con total seguridad lo que ocurrirá cuando nuestro tiempo termine. Entonces parece que solo tenemos esta oportunidad como seres humanos. ¿no vale la pena hacerlo lo mejor que podamos? Si no lo hacemos bien no tendremos otra oportunidad para rectificar. Ser seres humanos absolutamente humanos. Estoy convencido que solo así habrá valido la pena. Solo así habremos disfrutado plenamente de nuestro preciado regalo. La vida.

¿Conocemos el verdadero amor?

Todos los seres humanos nacemos con la capacidad innata de amar y ser amados. Instintivamente sabemos que el amor es lo más importante para nuestro equilibrio emocional y nuestra salud.

Pero, ¿Quién nos enseña a amar? ¿Sabemos amar realmente? ¿Somos conscientes de cómo se ama de verdad? Lo cierto es que nadie nos enseña a amar. Son las experiencias que vivimos las que nos van enseñando; si es que estamos dispuestos a aprender de nuestras relaciones. Lo  fundamental es que los dos miembros de la pareja tengan capacidad para instruirse mutuamente de su amor. Aunque parezca obvio casi nunca es así. De ahí tantos y tantos fracasos amorosos, separaciones, divorcios, mejor o peor llevados, demasiado comunes en esta sociedad deslumbrada por el consumismo y sus falsas necesidades personales, pero casi a oscuras en educación emocional.

Nuestra tendencia al individualismo, la falta de empatía, el socialmente aceptado egocentrismo nos hace olvidar amar al otro, dar amor, entregarse con honestidad y de manera natural. Esto es tan placentero o más que solo dejarse amar; solo hay que probarlo para sentir en la propia piel que verdaderamente es así. La combinación de amar y ser amado de verdad parece ser un lujo que solo unos pocos saben darse.

En numerosas ocasiones confundimos el estado mental de los primeros días o meses con el amor verdadero. El enamoramiento es una reacción física que afecta a nuestro cerebro. Lo inunda de un estimulante natural, la dopamina. Igual que lo haría uno artificial, las drogas de síntesis. Este estado alterado de la mente suele cegarnos. Lo confundimos con el amor. Juzgamos cuanto amamos según la cantidad de droga natural que tenemos en nuestro cuerpo. Cuando va disminuyendo la droga, nos invade la rutina, el aburrimiento, los defectos la pareja ya no nos parecen simpáticos… Entonces valoramos trasnochadamente que nos hemos equivocado, que no queremos a esa persona que antes idolatrábamos. Nos encontramos inmersos en el síndrome de abstinencia que todas las drogas tienen, las naturales también.

A todos nos gusta que nos amen. Buscamos seducir a través de nuestro físico, parecer más guapos, vestir mejor, teatralizamos una comprensión y amabilidad exagerada e incluso intentamos impresionar con muestra capacidad económica… Una vez conseguido tendemos a dejamos amar con mucha facilidad. Nos entusiasma comprobar que somos importantes para alguien. Que existe una persona, que nos valora, con la que podemos contar para lo bueno y para lo malo. Es maravilloso sentirse amado. Por fin el instinto satisfecho. Pero, ¿Todos sabemos hacerlo bien? En una sociedad que fomenta el individualismo, el yo, el para mi. Que nos hace ver como normal lo de primero yo y si sobra para los demás. Que nos persuade inconscientemente con películas de amor, de desamor, de amor con engaños, de amor con finales para todos los “gustos” incluso el maltrato o el asesinato desde la adolescencia; la cosa se torna cuando menos complicada.

Es bastante lógico que sin darnos cuenta nos hayamos alejado poco o mucho de lo que somos realmente. Tenemos un concepto erróneo en nuestro inconsciente del amor ya que el hecho natural de darnos al amor que llevamos dentro se ve filtrado por demasiados artificios desde el subconsciente.

La buena noticia es que podemos pensar y además observar lo que pensamos. Podemos decidir cambiar lo que no es natural. Eliminar los artificios que se nos hayan colado en el inconsciente.

La necesidad de amar es innata en los seres humanos pero no se puede materializar con pócimas mágicas, ni son ciertas las leyendas de amor, ni existen los cupidos. El amor sano se aprende, se cultiva, se riega, se cuida. ¿Cómo? con empatía, confianza, honestidad y sobre todo con respeto. Requiere un esfuerzo para recordar los buenos momentos y un análisis maduro de los malos; Esta higiene mental colabora con nuestra relación para no boicotearla. Para no hacernos daño a nosotros mismos ni a nuestra pareja. Requiere también una madurez capaz de comprometerse para no rendirse ante las adversidades que vayan saliendo. Estas vendrán seguro; la vida está plagada de contratiempos; de malos consejos bien intencionados. De personas que intentaran interferir decididamente en la pareja. De una propaganda mediática aturdidora y generadora de perezosos (Interesadamente te venden lo que NO necesitas para distraer tu sutil, o no tanto, malestar y te hacen creer que no tienes que esforzarte en construir tu felicidad) La verdad es que las cosas más importantes de la vida requieren un esfuerzo continuado y no se pueden comprar con dinero.

Se puede amar toda la vida y no caer en la rutina y el desánimo porque todos cambiamos con el tiempo y nuestro amor con nosotros. Ni nosotros ni el amor son fenómenos estáticos, precisamente por esa razón no tiene que estar carente de entusiasmo, ni tiene que ser aburrido. Podemos llevarlo con nosotros. No vendrá solo.

El amor se intensifica con el uso, y su recompensa aumenta con el tiempo. Para disfrutar de una vida emocionalmente sana tenemos que ser capaces de cultivar atributos de adultos sanos, paciencia, tolerancia, capacidad de negociación… y sobre todo centrarnos en darnos, en entregarnos a el otro.

El mejor dogma para amar es tener siempre en mente: “qué puedo hacer para que sea feliz a mi pareja y hacerlo”. No permitir que quede solo en buenas intenciones. La recompensa viene sola, cada vez amaras más y serás más amado.

El amor no se acaba es imposible, estamos hechos de esto precisamente. Nos gusta, lo necesitamos. Somos nosotros los que lo hacemos fracasar por la cegadora ignorancia de no saber cómo, por falta de recursos, de herramientas que solucionen los problemas y sobre todo por falta de voluntad (insisto en la influencia de la sociedad que nos pretende inculcar que podemos conseguirlo todo fácilmente. La publicidad nos hace creer que con dinero nada requiere un esfuerzo, que con una pastilla te curas de todo, que con aquella crema de cara rejuveneces…)

Me temo que para amar de verdad no existe ningún producto.

¿Nos quedaremos con la forma de amar de los adolescentes o tendremos la valentía de construirnos un amor sano y verdadero?

Reflexión sobre la cuestión humana

Nada es más importante para un ser humano que los demás seres humanos.

     Nos confundimos a menudo pensando que la prioridad en la vida es el dinero, el poder, el trabajo, la imagen pública… Lo  prioritario, creo, es simplemente vivir.

     Resulta incoherente, incluso absurdo, intentar  vivir y sin tener en cuenta lo que es realmente uno mismo. De dónde viene. De qué esta hecho. ¿Refrescamos la memoria?

      Los seres humanos somos animales racionales, pero animales al fin y al cabo. Somos de los gregarios, esto significa que necesitamos de la  manada, del  grupo para  poder funcionar  en la  naturaleza; el grupo nos proporciona seguridad, nos hace sentir bien. Por eso es tan importante sentirse aceptado por los demás.  Es normal que la naturaleza  nos   programe  genéticamente  para  reproducirnos  evitando así  la extinción de la especie. Tenemos una particularidad y es que nuestras crías tardan muchos años en ser autosuficientes. Cuando estamos preparados físicamente nuestras hormonas nos incitan a buscar una pareja, procrear y además es preferible que sea estable para que colabore en la crianza de la prole. Estamos programados desde hace millones de años para ser así. Necesitamos una pareja, una familia,  a la sociedad en  general para  funcionar con  sana  naturalidad.  No querer partir de esta premisa es garantía de infelicidad.  Alguna cosa en nuestro interior no va a funciona bien y, aunque no queramos o no podamos verlo, se instalará un malestar en nuestro inconsciente que no cesará en su empeño hasta que vivamos de la manera más coherente a  lo que realmente  somos. Acorde  a  nuestro  papel  en  la  naturaleza. 

     Cuando vivimos de espaldas a lo que somos no nos sentimos del todo satisfechos,  tenemos la sensación de que nos falta algo. Intentamos buscar continuamente sustitutos varios, con mejor o peor fortuna, pero que lamentablemente no cubrirán del todo nuestras necesidades. 

     Si la especie humana ha conseguido evolucionar tanto es gracias a la cooperación de unos  con  otros. Muchas veces hemos oído decir que dos  cabezas piensan  mejor que  una sola. Es sabido que la consecución de cualquier objetivo, en grupo, siempre será más rápido y efectivo. El grupo, la sociedad, desempeña una función importante para nosotros. Resulta evidente que intentar tener una actitud   amable  y  sociable  con  nuestros  congéneres  siempre  aportará  un  mayor beneficio y estabilidad emocional.  La competición desmesurada, el querer trepar a toda costa, incluso perjudicando a otros. La actitud egoísta, el individualismo, El orgullo, la venganza… puede parecer  que  nos da  satisfacción a primera vista. Pero  esta es  momentánea  e insuficiente. No sacia. No llena. No puede hacerlo, va en contra de nuestra  propia  naturaleza. A medio y  largo plazo se  tornará en  problemas, lo que comporta mayor preocupación e insatisfacción.  Es sabido que siempre es mejor tener un amigo que nos pueda echar una mano en un momento de necesidad o tener la satisfacción de poder ayudarlo nosotros a él, que tener un enemigo que aprovechará la menor oportunidad para interferir en nuestra vida de forma negativa ( por aquello de la satisfacción a primera vista). Tener una actitud noble, empática, altruista con los demás y hacernos conscientes de las actitudes y gestos que tienen con nosotros sin duda nos hará seres mucho más felices, corto, medio y largo plazo. No hay que tener una cátedra para saber esto, ¿verdad?. Entonces igual vale la pena que maduremos la idea de convertirnos en animales racionales gregarios, en seres humanos con humanidad. Me temo que no bastará aparentarlo. Tendremos que trabajarlo e interiorizarlo hasta lo más recóndito de nuestro inconsciente. El mundo puede ser un lugar muy distinto.